viernes, 30 de marzo de 2012

"Metano" en fotos

Si hacés clic en el título, podrás ver fotos de "Metano",  la obra que la artista plástica Griselda Meded hizo en alusión a mi libro homónimo, y que, amén de la dotación económica, constituye la recompensa del Premio Juan José Manauta a libro de Cuento édito. Gracias a la escultora Griselda, a Marcelo Mangiante, escritor y gestor orquesta de la biblio Wenner, a Romina Romi Krenz del Gobierno de entre Ríos, y a los jurados, los escritores y críticos literarios Carlos Antognazzi, Graciela Gianetti y Elio Piñero.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Una entrevista en La Boca Rota: Año I Nº II

La Boca Rota: Año I Nº II: Esta semana salió a la venta el segundo número de la revista, que va a ser presentada en familia el 26 de este mes, en Casa Frida, en lo que...



Un poeta y 10 preguntas / Una entrevista de Pablo Moreno

Para leer hacé clic en el título de arriba


Walter Iannelli



















1-¿Dónde se encuentra el germen de tu creación?   /// quizás,
 si es por el origen:¿Cómo te involucraste, cómo caíste?  
Y si es por el método:  imagen, contenido, experiencia, sonido;  
qué gatilla el poema?
Bueno, me gusta eso que decía Juarroz acerca de “vivir en estado
 de poesía” y aunque mi relación con el mundo es muy concreta
 me ocurre que me asalta con frecuencia cierto estado de extrañeza. 
Porchia también decía en una de sus voces: “Algo de inocencia 
nunca se aparta de mí, y es ella la que me protege”. Permitirme
mirar con inocencia -como si fuera la primera vez, quiero decir- 
ciertos objetos, actitudes, situaciones -una semilla de tomate, 
un perro meando las plantitas del florista, la rejilla del baño, por 
ejemplo- me da mucho material. Por otra parte, como algunos saben, 
soy eminentemente narrador, quizá porque entiendo lo difícil que 
es concentrar en un poema el corazón de una emoción o de una idea. 
Pero hay veces en que veo que no necesito de un cuento o de una 
novela para trabajar por acumulación alguna idea específica: 
es entonces ahí cuando escribo poesía.
2- Las influencias son necesarias e inevitables, a veces hasta 
deseables pero ¿cómo logra  liberarse de ellas? ¿Se es más libre 
cuando se han sacudido las influencias?
Las influencias son necesarias pero no es absolutamente necesario 
librarse de ellas. Cuantas más sean mejor, más poetas seremos en 
uno solo. No me imagino a un escritor libre de la amalgama de todo
 lo que ha leído porque no sería nada o estaría condenado a recorrer 
en una sola vida todo el camino de la literatura. Por último creo que 
es inevitable ser uno mismo. Es más fácil ser uno mismo que intentar 
copiar a los que te han gustado.
3- Cree que la poesía actual hecha en Argentina es comparable a 
aquella de los años  vanguardistas construida en torno a la revista 
Martín Fierro, y sus grupos de Florida y Boedo?.
No sé si entiendo bien esta pregunta. Se suponía que en los casos de 
Florida y Boedo unos eran los “románticos” y otros los “sociales”. 
No sé si en estos tiempos podríamos hablar de ese tipo de 
clasificaciones. Básicamente yo dividiría a los poetas en dos categorías: 
la primera, los poetas de oficio, aquellos que utilizan siempre aquellas 
mismas palabras pretendidamente poéticas en los lugares en donde 
siempre estuvieron, y los verdaderos creadores, aquellos que se animan 
a correrlas de su lugar ordinario y a correr su mirada de los lugares en 
donde tradicionalmente estuvo la poesía. En otra categoría, prefiero 
la poesía que trabaja sobre el sentido para luego buscar sus formas 
o su propio lenguaje, sin deseñar su música, su ritmo, su secreta 
simetría.
4-¿Qué te parecen los mecanismos alternativos de difusión de las 
obras poéticas? que han sido alabados en igual medida que criticados///
Estupendo. Creo que hoy vivimos en el mejor de los mundos posibles 
en ese sentido. Podemos leer autores de todo el mundo con sólo entrar 
a Internet, aun cuando sus libros no lleguen nunca a nuestras manos. 
Por otra parte es relativamente más fácil editar que en otros tiempos. 
Es cierto que hay que saber buscar entre un mar de palabras, 
pero eso es mejor que la ceguera.
5- Cual  es el pacto que estableces con el lector? ¿Es populista 
hacerse entender?  el virtuosismo, es soberbia?
De antemano, ninguno. Pienso en un lector como yo, y escribo lo que 
me sorprende a mí mismo. No puedo imaginar a un escritor que pueda 
trabajar para un lector menos sensible, perceptivo o inteligente que 
sí mismo, ni uno que lo haga para uno que sea más en todo eso, 
porque no tendría con qué afrontarlo. En una palabra, si sos estúpido 
escribirás para estúpidos y no para inteligentes o sensibles y viceversa.
Con respecto a lo de hacerse entender me gustaría hacer una 
diferencia entre lo sugestivo de un poema y la oscuridad gramatical. 
Un poema, para mí, debe ser diáfano gramaticalmente, y sugestivo y 
misterioso en su propuesta. Es decir, el lector debe a mi juicio poder 
seguir “algún” tipo de hilo conductor, pero el sentido último del 
poema debe cerrarse como un eco por afuera del texto mismo. 
Denevi decía: “La poesía no es el pensamiento mismo, es la 
onomatopeya de ese pensamiento”. A mí me gustar pensar que la 
poesía es ese eco que dejó el poema luego de ser leído.
El virtuosismo al pedo es soberbia, cuando es necesario, no. 
Prefiero intentar decir las cosas complejas del modo más simple, 
lo cual a veces es más complejo que decirlas de un modo 
complicado. Me guardo los “caños” y las “bicicletas” para 
cuando realmente hace falta. Ahora bien, decir algo de modo 
simple no quiere decir que eso dicho pierda su efecto, 
sugestión o belleza. Todo lo contrario. Cuando más muestre 
las manos el mago, más fuerte será la ilusión.
6-¿Creés que el poeta, como tal, tiene un compromiso social 
particular, o más bien se trata de una sensibilidad más 
expuesta a los males de la sociedad?
Creo que el compromiso del poeta ya está cumplido con escribir
 poesía. Si todo el mundo escribiera poesía, narrativa, teatro, 
no habría guerra ni tanta gente jodiendo al otro. La poesía, 
creo, es en sí un compromiso social. Si además el poeta es 
talentoso, solidario y buena gente, mejor. Si tiene una mirada
 política y piensa con libertad, tanto mejor. La idea de que el 
poeta es un ser sensible expuesto a los males de la sociedad me 
da gracia: pienso en un ser mínimo, ataviado con una capa, 
subido a un banquito y a punto de clavarse el puñal de la 
incomprensión en el medio del pecho. La poesía es una
bendición, y no un castigo. Y el hecho de que el poeta venda 
pocos libros y sea un ser con una sensibilidad que lo pone 
todo el tiempo al borde de las lágrimas también lo es: si lo 
pensamos bien, no hay nada mejor que crear sin condiciones 
y contar con la posibilidad de recorrer todo el dial de la 
emoción sin demasiado esfuerzo.
7- Hay varios lugares comunes: toda poesía es política, 
el subjetivo es político, etc. Cómo, según tú, se articularía 
lo político en literatura, desde el retrato. Desde la queja? 
Desde la disección de la realidad? 
Bien, supongo que eso es una cuestión de cada autor. 
Me gusta el retrato y la mirada de la realidad, por ejemplo, 
de autores como el chileno Donoso. Sin embargo lo 
fantástico muchas veces también está cargado de ideología 
y es una forma de exploración, proposición, reflexión y 
denuncia. La queja en sí misma la dejaría para el panfleto.   
8- Cuál fue el último libro de poesía  que leíste?
Tengo en este momento tres libros abiertos que recibí de 
manos de sus propios autores: Donde la sed, de Carlos Dariel, 
Entreveros de Susana Cella y El Gruñido y otros poemas de 
Enrique Solinas.
9- Cómo te sitúas en el dilema arte premeditado  v/s arte 
no premeditado; mapa del poema v/s escritura sobre la 
carne caliente del asunto?
Entiendo que el dilema desvele a algunos pero para mí no 
reviste gran importancia. Creo que lo que cuenta es el 
resultado final. Quien quiera que haga el mapa del poema, 
quien quiera que escriba para enterarse de lo que quiere 
decir. Cada letra es una marca que determinará quiénes 
seremos después de escribir el poema y quiénes cuando 
escribamos el próximo poema. Yo escribo todo el tiempo, 
a veces perseguido por una idea que me obsesiona, a 
veces sólo con la calentura. De hecho vivo de asuntos 
literarios varios: no soy yo haciendo literatura, es la 
literatura haciéndome a mí. 
10- Según tu criterio. Que poeta vivo que habría que 
releer en la actualidad?
Giannuzzi porque todavía está vivo y, para releer o 
descubrir, a Arturo Carrera, Irene Gruss, Rogelio 
Ramos Signes, Luis Lhoner y yo (bueno, lo último 
es una invitación).

*Noviembre del 2011

Walter Iannelli (Bs. As., 1962) Publicó entre otros 
Alguien está esperando (cuentos), Sanpaku (novela), 
Zumatra y la mecánica de tu corpiño (poesía), 
Metano (cuentos) y La invención de lo real (novela). 
En narrativa fue distinguido por el Fondo Nacional 
de las Artes en los años 1995, 2000, 2001, 2003, 
2004 y 2008. En 2007 obtuvo el segundo Premio 
Municipal de Literatura del Gobierno de la Ciudad 
de Buenos Aires a novela editada en el bienio 
2002/3 y en 2008 la Beca Nacional de Creación 
del Fondo Nacional de las Artes para la escritura 
de una novela. Recientemente recibió el Premio 
Internacional "Juan José Manauta" otorgado 
al mejor libro de cuento édito entre 498 títulos 
presentados provenientes de 29 países.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Presentación de La invención de lo real

Lunes 12 de diciembre, 20.00 horas

Presentación de la novela La invención de lo real
de Walter Iannelli

Charlarán acerca de la obra Alberto Ramponelli,
Daniel Tevini y el autor

Brindis de celebración / actividad gratuita

Casa de la Lectura / Lavalleja 924. Villa Crespo
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

(Se ruega puntualidad)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Un libro

La invención de lo real, novela (edita y distribuye Simurg)

Fragmento de contratapa
En La invención de lo real, la novela de Walter Iannelli que sigue a Sanpaku (ganadora del Premio Fondo Nacional de las Artes 2001 y el segundo Premio Municipal de Literatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a libro editado en el bienio 2002/3), el autor explora el espacio intermedio entre una realidad fenomenológica —construida por aquello percibido por el hombre—, y el concepto de lo real —como lo que existe en forma independiente de la percepción—: una realidad real que parece preexistir a la conciencia pero que puede ser modificada, superpuesta y plegada sobre sí misma como sucede en esta desopilante trama en la que quizá sea “realmente real” sólo lo inventado.

Walter Iannelli (Bs. As., 1962) Publicó entre otros Alguien está esperando (cuentos), Sanpaku (novela), Zumatra y la mecánica de tu corpiño (poesía) y Metano (cuentos). En narrativa fue distinguido por el Fondo Nacional de las Artes en los años 1995, 2000, 2001, 2003, 2004 y 2008. En 2007 obtuvo el segundo Premio Municipal de Literatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a novela editada en el bienio 2002/3 y en 2008 la Beca Nacional de Creación del Fondo Nacional de las Artes para la escritura de una novela. Recientemente recibió el Premio Internacional "Juan José Manauta" otorgado al mejor libro de cuento editado entre 498 títulos provenientes de 29 países.

Una noticia de Télam

EL ESCRITOR WALTER IANNELLI GANO EL PREMIO JUAN JOSE MANAUTA

Buenos Aires, 25 de octubre (Télam).- El escritor argentino Walter Iannelli se consagró hoy ganador de la primera edición del Premio Internacional de Cuento édito "Juan José Manauta" por su obra "Metano", que resultó la mejor entre 498 títulos de 29 países.
Organizado por la Biblioteca Alternativa Tilo Wenner de Entre Ríos, la Asociación de Teatro Metamorfosis y la Casa de la Cultura provincial, este galardón está dotado de 4.000 pesos y una obra de arte de la artista plástica Griselda Meded, quien trasladará al lenguaje de la plástica su visión del libro premiado.
"Contento y muy orgulloso por lo que significa este premio para los que, como yo, escriben cuentos", dijo Iannelli (Buenos Aires, 1962), también autor de "Alguien está esperando" (1996, cuentos), la novela "Sanpaku" (2002) y las poesías compiladas en "Zumatra y la mecánica de tu corpiño" (2005).
El jurado de este concurso -integrado por el cuentista y corrector literario, Elio Piñero; Graciela Gianetti, crítica literaria de Paraná y Carlos Antognazzi, cuentista, novelista, ensayista, de Santo Tomé- también anunció las menciones de honor.
El mejor Libro de Microcuentos fue "Fin de fiesta y otras celebraciones", de Luís B. Pérez Puente (México); la mención al mejor Libro de más de un autor recayó en la antología crítica "Cuentos del Tolima", compilada por Jorge Gaitán, Leonardo Monroy y Libardo Vargas de Colombia.
El mejor Libro-Objeto fue "Seis de espadas. 50 naipes estilo cuento/poesía" de varios autores y editado por el Instituto Cultural Municipal de Bahía Blanca. Por último, la mención al mejor Libro Ilustrado la obtuvo "Dos reinos en juego", de Horacio Cardo (Pinamar, provincia de Buenos Aires).
En la categoría de libros infantiles se presentaron 168 obras y el jurado resolvió premiar a dos: "Minúsculas" de Adriana L. Maggio (La Pampa) y "Ni fu, ni fa y otros cuentos" de Marta Coutaz (Santa Fe).
Este certamen persigue dos objetivos, por un lado, distinguir a la edición de libros de cuento en castellano y, por otro, incrementar el patrimonio bibliográfico de las bibliotecas y escuelas de la provincia de Entre Ríos.
Según anunciaron los organizadores, "los ejemplares de las 498 obras presentadas serán distribuidos a lo largo de noviembre y diciembre en las cuatro bibliotecas y en once escuelas de las islas del delta del río Paraná". (Télam).-


llp-mag



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Leticia L. Pogoriles

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Charlando con Lai

Hacé clic en el título para ver la charla de Walter Iannelli con Alberto Laiseca en Casa de la Lectura, en ocasión de la presentación de sus cuentos completos editados por Simurg.


viernes, 8 de julio de 2011

Martín Fierro a la hora de votar

Sí, sí, claro que sí:
mi café es colombiano
mi hamaca, paraguaya
mi sequía boliviana
mi alegría de Brasil.
Mi congrio todo chileno
y mi nostalgia italiana
se hizo toda argentina
cuando volvió de Berlín.

Mi hermana llegó de París
mis amigos de Venezuela
mi derrota de tres carabelas
mi opresión de Sing Sing
mi osito a pilas de China
mi claroscuro de Portugal
mi río del litoral
y de España la cocina.

Ahora tengo mi casa
llena de mucha gente
que no por diferente
se diferencia igual
cada uno es cada cual
y en mi pequeño continente
que el que no guste reviente
si les hacemos lugar.

Por eso, como en Tinelli
no confío en la caridad
de las señoras Legrand
poniendo morfi a la venta.
Para comprar la polenta
no alcanza con Salomón:
entre fideo y salmón
hay tremenda diferenda
y entre pala y tenedor
se escabulle la verdad
(se lo suscribe Iannelli
pa´que refrende el lector).

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jueves, 26 de mayo de 2011

La osadía del vecino

por Rogelio Ramos Signes

Historia 1:
   El hombre, de aproximadamente 40 años, desciende de su destartalado automóvil frente a un corralón en la ciudad de Lules, al sur de la provincia de Tucumán. Llega desde la capital de la provincia, como todos los meses, a tratar de vender un espacio publicitario en su revista dedicada al tema de la construcción. Tiene sólo tres clientes en esa población y los atiende con deferencia, con la remota esperanza de elevar esa cifra tan magra. La tarea es ardua, casi vana.
   En uno de los negocios lo atiende el dueño (digamos, el señor Linares; sólo por bautizarlo de alguna manera y para no entorpecer el relato), lejana, lejanísimamente cordial, como siempre. Esa vez la conversación previa a la transacción comercial salta del fútbol al desolado terreno de la política local, y de allí a una película del neorrealismo italiano, y luego al temprano despertar de las jovencitas en cada primavera y, por primera vez, a la Literatura. ¿Por qué a la Literatura y no al estado del tiempo (con probabilidades de lluvia) o a los problemas cardíacos del conejo de granja? Pues bien: porque la Literatura es un tema como cualquier otro y va y viene cuando y por donde quiere.
   Como están hablando de Literatura, el señor Linares se confiesa fanático de la ciencia ficción y, para no parecer un improvisado, habla de su colección completa de la revista El Péndulo (el fanzine mayúsculo de los amantes del género), publicación que el vendedor de avisos también conoce. Y hablan animadamente.
   Entonces sucede lo increíble (es decir, lo probable). Linares recuerda un largo relato, entre cientos de textos distribuidos en los 15 números de El Péndulo, un relato que le pareció maravilloso e inolvidable; uno, y sólo uno, entre tantos. “La historia habla de un hombre que vende libros de poesía en una playa cuando ya ha terminado la temporada turística -dice Linares, entusiasmado-. ¡Usted no sabe lo que es ese cuento!” “Sí, sí lo sé -responde el vendedor-. Se llama En los límites del aire” “¿Lo conoce? -se sorprende Linares- ¿Lo leyó?” “Algo más que eso -acepta el vendedor, un poco desganado por lo relativo de esta vida-. Yo escribí ese cuento”. Linares se ríe, jajajá, no le ha creído ni una palabra y sigue con su relato. “Hay una parte donde una correctora de pruebas de una editorial…” “Una correctora analfabeta -completa el otro-. Ése es el dato curioso”. “Sí, una correctora analfabeta -acepta Linares- es abandonada en medio de la arena con una valija. El protagonista se acerca para venderle un libro ¡Un libro a una analfabeta! Vea usted. Pero resulta que ella, que es quien ha corregido ese libro, ha dejado pasar un error y ahora está pagando su culpa. ¡Fantástico! -se entusiasma Linares-. El protagonista termina enamorándose de ella. Ella tiene unos ojos extraños, y al final de la historia le dan un castigo muy triste” “Son anaranjados -completa el vendedor de avisos-. Los ojos de ella, que se llama Morgana, a veces son anaranjados, pero también van cambiando de color”. “Sí, es verdad, son anaranjados y constantemente cambian de color -recuerda Linares-. Entonces, usted también leyó al cuento.” “Ya le dije que yo lo escribí” recalca tímidamente el vendedor. Y entonces se produce un molesto silencio. Esta vez ya no hay un jajajá, y todo queda en suspenso.
   Linares invita al vendedor hasta su casa (a media cuadra del negocio) a tomar un café. Mientras lo prepara, busca en su biblioteca la colección de El Péndulo, constata que el nombre del autor de ese cuento (revista número 13, página 81) es el mismo del vendedor de publicidad que está frente a él y que lo mira con resignación. Beben el café en silencio. Se despiden con un apretón de manos. Linares nunca más vuelve a comprarle un aviso, ni a hablar con él. Desde entonces, simplemente, se hace negar cada vez que el vendedor lo busca.
   ¿Qué pasó con el dueño del corralón? ¿No pudo soportar la mediocridad de la vida corriente: la suya, la de su interlocutor, la del otro, la del de más allá? ¿Se sintió ridículo por haber gustado de un cuento (uno entre cientos de textos) escrito justamente por quien cada mes le vendía un aviso en una aburrida publicación donde sólo se habla de cal, de cemento y de ladrillos? ¿Su vecino (por así decirlo) no era digno de trascendencia?

Historia 2:
   El mismo vendedor, ya de 45 años por entonces, visita a otro cliente en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Se trata de un distribuidor de alambres tejidos, al que llamaremos Mercado, sólo para bautizarlo de alguna manera. El vendedor de publicidad ha aparecido el día anterior en el diario local hablando de su último libro (Soledad del mono en compañía), como otras veces apareció hablando de otros libros o recibiendo algún premio literario. El señor Mercado, hasta ese día un hombre muy correcto y distante, lo espera con un gesto que es mezcla de admiración y de fastidio. “Usted es escritor” -dice para confirmar, no para preguntar-. “Sí” -responde tímidamente el vendedor-. “Así que es escritor y nunca me lo dijo -protesta el señor Mercado-. ¿Por qué hizo eso?” “Suelo ser muy pudoroso y sólo hablo de Literatura con mis colegas escritores -reconoce el vendedor de publicidad-. Trato de no aburrir a la gente hablándole de cosas que me apasionan. Además nunca mezclaría mi placer personal con los negocios.” “Mal hecho. Mal hecho -vuelve a protestar el cliente-. Usted me ha condenado a hablar de alambres y de clavos durante diez años. ¡Yo soy un gran lector!” A partir de entonces las conversaciones serán más frecuentes, tocarán temas más amplios y el señor Mercado continuará publicando avisos en todos los números de la revista de la construcción que el vendedor le ofrece.
   ¿Qué pasó con el distribuidor de alambres tejidos? ¿Se creyó valorado como persona sensible? ¿Se sintió hermanado con un intelectual que sobrevivía vendiendo avisos? ¿Se conmovió por la proximidad del escritor? ¿Vio en él a quien simplemente lo ayudaría a salir de cierta mediocridad cotidiana? ¿Olvidó al escritor y rescató al lector con el que podría hablar de otros temas? Seguramente eso.

Historia 3 (veinticinco años antes):
   Quien sería, con el tiempo, resignado vendedor de avisos publicitarios para una revista de la construcción regresa a su casa luego de recibir su primer premio literario. Su vecino, que atiende un quiosco, que juega al fútbol en una división de lisiados de un club portuario, que bebe cerveza en la vereda con sus amigos, que lee el diario -y sólo el diario-, justamente esa mañana ha leído en ese diario que su vecino (el futuro vendedor de publicidad, pero que por entonces vende vinos finos y escucha a Los Beatles) ha recibido un premio literario. Entonces lo espera en la vereda, le sale al cruce con una escoba en la mano, y le dice: “Así que ahora sos escritor. ¿De dónde? Si nunca saliste del barrio. ¡Muerto!”

  Estas tres historias, con un mismo personaje, podrían completarse con cientos de historias protagonizadas por otras tantas personas en situaciones similares. Pero ¿Qué sucede en la cabeza de algunos cuando deben evaluar a un vecino, o a un conocido? ¿Un vecino no puede protagonizar un hecho público, generar un producto de interés colectivo, concretar una obra de mediana trascendencia? ¿Un vecino, un conocido, un pariente, sólo puede aspirar a ser una repetición de otro vecino, de otro conocido, de otro pariente? ¿Por qué un escritor que nos agrada (y que no vive de lo que escribe) no puede ser, al mismo tiempo, un vendedor de publicidad, o de maderas, o de vinos?
   Algo así sucede con los científicos reconocidos y con los músicos y con los actores y con todos los que lograron superar aunque sólo fuera un centímetro la tapia que los acorralaba.
  El escritor ruso Vladimir Nabokov, pone en boca de Humbert Humbert, protagonista de su novela Lolita, una frase contundente: “Preferiríamos no haber conocido a nuestro vecino, el vendedor jubilado de salchichas calientes, si un día publica el libro de poesía más importante de su tiempo.”
   Pero esa tampoco es una respuesta que sirva.  Al contrario. Es una frase inolvidable; es una imagen magistral, puesta allí para recordarnos que hay algunas idioteces que son universales.

domingo, 8 de mayo de 2011

Consejos y citas célebres del Dr. O. Xímoron

(De "Guía para pescadores")


Que la poesía te moleste, como el guisante debajo del colchón de la princesa.

Escribí en voz baja, leé en voz alta. Sé honesto: Eso que leés, ¿respira igual que eso que escribiste?

Si escribís un poema acerca de lo que es un poema, no lo escribas. Escribí un poema.

Si el poema es un manifiesto, mejor escribí un poema cumpliendo las reglas del manifiesto.

El único remedio contra el lugar común es la lectura. Leer contamina. La contaminación genera anticuerpos contra las cosas demasiado dichas, lugares comunes que le dicen.

"La paradoja es la lógica de lo esencial", y quizá, la ilógica de lo prescindible.

No coma si hay espacio. Coma donde no lo hay.

Si escribe en verso, que se note porqué escribe en verso.

Si se olvidó de decir algo, no lo diga al final, y menos después de una coma.

Si el verso no es autónomo, paga en otros versos el impuesto de su sentido.

En el poema, no se queje si se queja.

Un poema debería ser algo así como una pirámide al derecho en cuanto al sentido (un vértice pequeño y una ancha y divergente base polisémica), y una pirámide al revés (un embudo, si le gusta) en cuanto a tensión.

La proscripción del adjetivo es un ejercicio de pura libertad.

Es hora de dejar en paz a las palomas y a todo otro pájaro. En una lata oxidada también hay poesía.

No explique al final lo que muy bien dijo con imágenes al principio.

Registro de sonido, registro de sentido: dos vías no siempre paralelas.

No sólo con palabras literarias se construye un poema.

La poesía no son palabras lindas, sino el tratamiento de una imagen. Forúnculo también es una palabra poética.

Nombrar aquello de lo que se habla, es no nombrar.

William Blacke decía algo así como: "El pensamiento que no cambia es como el agua estancada: engendra los reptiles del espíritu".

Todos los abismos son desmesurados, porque son del tamaño de nuestro fondo. Ergo, el abismo es un punto de partida, no de llegada.

La tentación de explicar al final lo que tan bien sugerimos al principio.

Que no nos venza la tentación de decir lo que queremos decir.

El cosmos está acá, en esa semilla de tomate que tenés sobre la mesa, Y esa semilla de tomate es sólo tuya. Yo tengo la mía.

Insisto: la única casa que me interesa, es la que no tiene ventanas. Las otras son todas iguales.

Si no leés el cuento del rey que se paseaba desnudo pensando que vestía un gran traje, jamás entenderás una crítica literaria.

El escritor es como es como un ministro de economía, lo que arregla por un lado, lo desarregla por el otro.

El arte no es conceptual (dice mi amigo “E”).

jueves, 20 de enero de 2011

El fútbol y la fe

 
La Línea de Sombra                                                      a J. Conrad                        

Quebrándolo en dos, una línea de sombra se corría sobre el césped mojado, oblicua, hacia el este, apagando poco a poco el reflejo de los finos charcos de barro. Danubio se removió en su lugar. A su lado, Polenta estrujaba un gorro de lana en las manos, apesadumbrado. Un rato antes había estado de espaldas al césped, con los brazos en alto, saltando sobre las gradas de cemento y dirigiendo como un frenético maestro de orquesta los estribillos de la tribuna. Pero ahora todo el estadio —o casi todo, salvo aquel pequeño grupo que gritaba desde tan lejos, de espaldas al otro arco— mantenía silencio. Un helicóptero cruzó perpendicularmente el cielo y Danubio pensó que nadie habría siquiera levantado la cabeza una hora antes para mirarlo, cuando el partido era otra cosa, nadie reparado en ese aleteo que parecía convocar a un dios ausente.
    Sus ojos se perdieron en los hombres de camisetas azules, sucios de lodo y pasto, velados dentro del cono de sombra, en un distante e inútil esfuerzo por distinguir en esas figuras erráticas algún atisbo de la habilidad que había prometido "el Brujo". Por su cabeza desfilaron otra vez, íntimas, como en una película recién vista, las escenas de la mañana. El río ondulándose con las primeras luces, la arena sucia de la playa hundiendo complaciente su sumo bajo los pies de los tres hombres, que parados de cara al agua, esperaban la salida del sol.
    —Plumas de ganso —había pedido "El Brujo" con el fuste de un cirujano a la espera del escalpelo; y Danubio, de no haber estado Polenta ahí, circunspecto en su carácter de jefe de la hinchada, habría reído con ganas ante la facha del tipo pintarrajeado hasta los ojos.
    Después el Brujo había dibujado con las plumas una extraña figura sobre la arena y depositado dentro las cosas que ellos llevaban en una bolsa. Un par de fotos, dos sapos muertos, tres dientes de ajo y una camiseta. El equipo no andaba bien y ésta era la oportunidad para levantar cabeza, había dicho Polenta. "Ante un cuadro chico en una instancia decisiva del campeonato".
    A Danubio le molestaba esa manera "técnica" de Polenta de hablar de esos asuntos. Como si todo fuera blanco o negro y la vida estuviera gobernada por botones que uno sólo tuviera que tocar, y las fuerzas dispersas del universo esperaran un dedo que las concentrase, precisamente, en una cancha de fútbol. Como si el otro equipo no quisiera ganar tanto como ellos o no contara para sus propósitos. Pero él —segundo en autoridad según elecciones internas que siempre confirmaban que la fuerza tira más que la razón— no tenía más remedio que consentir estos procedimientos.
    Mientras "el Brujo" encendía el fuego en el centro de la figura, se preguntó si hacía bien en respaldarlos tácitamente, si ya no habían llegado demasiado lejos, y por qué un tipo como Polenta, capaz de desgraciarse de la forma más deshonrosa ante un séquito de damas de la caridad, permanecía firme y respetuoso como un granadero entre el humo que los hacía llorar, frente al tipo que, meneando autistamente la cabeza, trabajaba extraños dibujos con las manos.
    — Hay que creer —había dicho después "El Brujo" mirándolo fijo a los ojos como si adivinara sus pensamientos—, si no creen no sirve...
    Y después se había puesto a zapatear alrededor del fuego, lanzando grititos cortos, afeminados, por un rato largo. Y Danubio no pudo dejar de imaginarlo igual que a cualquier hombre: sufriendo de gastritis, manejando un auto, sin esa tonta capa que tenía de chamánica lo que él de "gallina". En pelotas. "Sí, en pelotas" se dijo y se lo hizo desnudo, indefenso, pataleando su danza a trasluz de un sol que, más allá de ese efímero dislate, no habría de cambiar su presencia omnisciente a todas las cosas, que seguiría abasteciéndolas putativamente de sus contornos visibles de la misma forma que todos los días. Y de pronto tuvo miedo de estar saboteando la operación sin darse cuenta, de no tener siquiera la confianza suficiente —"fe", se dijo— para considerar `eso', apenas, como un juego sin mayores pretensiones.
    Ahora, casi al final del partido, sintió que lo asaltaba el mismo remordimiento, renovado, reforzado. Que el macizo silencio se materializaba en un dedo acusador que pendía sobre su cabeza. Que había fallado por no tener el coraje de abandonarse a las ganas, al deseo, volviendo la maniobra en contra de su equipo. Y que, ahora, era el eslabón roto entre toda la cadena que acompañaba a Polenta, quizá sin saberlo, en la aventura.
    —Encima se lesionó Madurga... —murmuró Polenta a su lado sa¬liendo del letargo.
    Danubio lo miró. Tenía la cara pálida de frío y aún estrujaba en las manos su gorro de lana. Pero, ya no en un exprimir nervioso, sino apretándolo lentamente con una actitud de larga resignación. "Hay que creer" repitió mentalmente, conmovido por esa imagen de Polenta, por esos gestos flacos, remarcados en la derrota. Y tuvo ganas de creer, por él, por todos los otros.
    Pero ya parecía demasiado tarde. La línea de sombra había avanzado hasta el borde del área mayor como un reloj indefectible.
    Sobre el césped, el hombre vestido de negro hizo sonar el silbato tres veces y señalo el centro del campo de juego. Entonces, desde muy lejos, Danubio vio alborotarse al pequeño grupo de simpatizantes contrarios y presintió que todo había terminado. Que era el final y sólo quedaría la vuelta a casa, y que a él le tocaba la peor parte. Entre toda esa gente la peor parte porque él había perdido dos veces. En la mañana, frente al río, había perdido ante el Brujo y sobre todo ante Polenta, y ahora perdía con aquellos que enrollaban la bandera con cansancio, con aquellos que, a solas con su alma, cerraban las camperas y guardaban las manos en los bolsillos para dejar los colores de la camiseta durmiendo con los ojos abiertos.
    Abajo, en la última franja de sol, los jugadores de su equipo empezaron a agruparse tímidamente para ensayar el saludo rutinario. Y viéndolos Danubio pensó que no hubiera estado mal sentir como Polenta, haber sido por la mañana y por la tarde otro Polenta y prolongar la fantasía; creer, creer aunque sea por un rato que uno está solo en el mundo y que las fuerzas del cosmos pueden jugar vespertinas cartas entre plumas y sapos en el botín de Rojitas. "Si al fin y al cabo al principio estábamos contentos —pensó—: nada ha cambiado más que esa pelota envenenada metiéndose en nuestro arco en la mitad del segundo tiempo”.    
    Los jugadores levantaron quedamente los brazos, en señal obligada. Y Danubio vio en cada uno de ellos la cara de Polenta, la amargura chupándole los gestos sucios de barro. Sin duda eran los mismos. Las mismas caras conocidas que tantas veces, cuando la línea de sombra tocaba la raya del área, habían gritado con la tribuna.
    — Hay que creer —se escuchó decir—, es un acto de fe.
   Y cerró los ojos.
   A su lado, después de un larguísimo silencio, escuchó golpear una vez el bombo. El sonido sordo se le disolvió en el negro de los párpados como una grieta de humo. E inmediatamente después el silencio se hizo más profundo, conciso. Imaginó a los jugadores, abajo, frente al arco vencido, expectantes, mirándose y mirando a la tribuna inmóvil, agazapada. Entonces alguien volvió a golpear los parches, ahora con más fuerza. Y sin abrir los ojos se dejó estar en esos sonidos que primero se estiraron, y después empezaron a hacerse acompasados, cada vez más rítmicos, cada vez más potentes. Y comprendió que de esta manera Polenta se estaba poniendo otra vez la carga al hombro como un digno líder, y que iba a seguir haciendo sonar el bombo hasta que todos cantaran, hasta que la mole de silencio se ablandara y desmoronara entre las voces ciegas, hasta transformar los brazos cruzados en banderas y las camperas cerradas en pechos y los huecos negros de las caras en ojos.
    Y que seguiría golpeando el bombo —porque ahora él también creía— hasta que el estadio entero —o casi, salvo aquel pequeño grupo lejano, detrás del otro arco— se pusiese de pie como una sola masa, como un solo cuerpo, para celebrar algo parecido a un triunfo. Y que sería capaz de seguir haciéndolo sonar hasta que la línea de sombra retrocediera hasta el comienzo, hasta el principio, si fuera necesario hasta la mañana frente al río, para repetir el rito, esta vez con buena fe, detrás de sus ojos cerrados.

(de Alguien está esperando, cuentos, 1996, Premiado en 1995 por el F.N.A y llevado al corto cinematográfico en 6 versiones por la Carrera de Imagen y Sonido de la U.B.A).


                                                                              

domingo, 21 de noviembre de 2010

Féisbuk y la literatura: el 82 % móvil

Qué tendra que ver Facebook con la literatura, no sé. Por lo pronto mi registro de "estados" se viene convirtiendo en una suerte de diario que si bien puede no funcionar como instrumento de representación, sí lo es de autoconocimiento.
Aquí un resumen de los mismos:

Yo tengo el 82 % móvil. El otro 18 % ya no lo puedo mover.
06 de julio a las 2:11

Leído al pasar: "Rengo de día, se ofrece de noche".
11 de julio

El único que "no quiere ser mi amigo" en Facebook es César Banana Pueyrredón.
14 de julio a las 16:50

Nuevo género: el Microbolucuento
Micción Imposible
Hacía frío y tenía ganas. El tipo buscaba un baño desesperadamente. Pero no encontraba.
15 de julio a las 1:19

Otra Microboluficción antes de dormir la siesta:
Conversaciones entre Olga Orozco, Antonio Porchia y Héctor Alterio.
Olga Orozco: "La oscuridad es otro sol".
Antonio Porchia: "A veces, enciendo una luz para no ver".
Héctor Alterio (que no tenía un carajo que hacer ahí): "¡La pucha que vale la pena estar vivo!
15 de julio a las 17:31

Estoy de Padre: Programa para hoy:
Almorzar en Mac D. Ver por décima vez "Programa de protección para princesas" en Disney Chanel. Jugar al Tutti Frutti con Catalina y hablar de Nick Jonas con Martina. Abrazarnos mucho, tocar la guitarra cambiando letras y pensar entre los tres que el mundo aún no está del todo roto.
18 de julio a las 13:11

"Gozo todos los días un poquito por no poder o no saber esperar el goce completo. Y entonces algún día moriré de sobredosis de abstinencia." (de Zumatra y la mecánica de tu corpiño)
19 de julio a las 17:13

"Amigo, dame tu pozo para hacer fondo, y el dios que hay que matar".
20 de julio a las 14:09 (Día del amigo)

"Un Tipo Odioso amará a los animales que copulan en la calle. Ellos le recordarán cuánta mierda le ha caído encima como para necesitar aire acondicionado y música de Air Suplair para echarse un polvo" (de Retratos de un Tipo Odioso, del libro "Yo no quiero ser el novio de Susana Giménez").
21 de julio a las 0:45

"Crecé plantita, crecé. Dale un manotazo de hojas a la nada" (mirando mis macetas en la lluvia me acordé de un poema del uruguayo Rafael Courtoise).
30 de julio a las 2:38

"Fuera del perro, un libro es, probablemente, el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro está, probablemente, demasiado oscuro para leer" (G. Marx).
31 de julio a las 2:38 (día de lectura)

Esperando a la gente de mi taller literario de la mañana y recordando unas líneas de Zumatra: "no sólo la vida no es lo que soñamos /sino que a veces /los sueños ni siquiera son /lo que queremos soñar".
06 de agosto a las 11:01

Se me cayó el celular en el inodoro, cosa que demuestra que hacer pis y hablar por teléfono son dos cosas incompatibles y necesariamente asincrónicas.
06 de agosto a las 11:33

Sábado, día para ordenar la casa. Encuentro un naipe solo, abandonado sobre la mesa. Lo doy vuelta: un 8 de espadas. Ahora espero las otras siete.
07 de agosto a las 15:29

Conversación con mi hija Martina en el auto:
Yo: Tenemos que comprar un estéreo.
Martina: ¿Un misterio?
Yo: Sí, un misterio con radio FM.
08 de agosto a las 3:36

Ayer me liquidaron la venta de 50 libros, y pagué con eso la última sesión de psicoanálisis.
10 de agosto a las 15:08

Arte en estado salvaje: Catalina mojando el chupetín Pico Dulce en el jugo de manzana.
11 de agosto a las 21:19

Como sea, después de mucho tiempo, tengo la sensación de que hoy, ahora, en este preciso momento, en Argentina está pasando algo importante.
24 de agosto a las 21:16 (con respecto a papel prensa).

Pienso al cuete: técnicamente hablando, un choque, verbal o físico, no es más que la conjunción de dos boludos apurados (o de uno apurado y otro distraído).
02 de septiembre a las 11:22

Genureinflexiones de lunes:
1) Ten cuidado si intentas ser un niño perfecto: puedes convertirte en Claudio María Domínguez.
2) En un sector de la cabeza el pelo me crece mucho más que en el resto. En poco tiempo seré un calvo con un mechón sobre la oreja derecha.
3) Prefiero un rival que me subestime.
06 de septiembre a las 14:45

Para un tipo curioso que se engancha en todo y detesta el zapping, Facebook va muy rápido.
9 de septiembre a las 0:07

‎"Como es mejor el verso aquel /que no se puede recordar": una estupenda síntesis de lo que debe quedar de la buena poesía: no las palabras, sino, como decía Marco Denevi en "Parque de Diversiones": "La onomatopeya del pensamiento".
09 de septiembre a las 12:35

pido por delibery: "Podame el poema, nena. Lijámelo con todas tus partes húmedas. Medímelo hasta que entre en todas las antologías de los 500 años. Pero después de ese episodio mundano, dame otra vez imperfección y poesía".
12 de septiembre a las 3:20

Comunicación y construcción de realidad:
le digo al chino del super: "¡Tengo un resfrío!",
y el tipo me contesta: "Sí, hache frío".
Después, ambos sonreímos condescendientes.
18 de septiembre a las 12:52

Estaba trozando un pollo y me lastimé un dedo con el cuchillo. Entre dientes se me escapó la puteada de rigor y el dolor se concentró en el punto en donde la piel se abría roja debajo de mi mirada. Entonces pensé: "Cómo estará sufriendo el pollo".
27 de septiembre a las 5:49

Recuerdos del futuro: iba a buscar a mi hija al colegio y llegaba tarde, indefectibemente. De pronto, manejando, miré el reloj: 16.10. Mi hija salía a las 16.20. Pero no llegaba ni de casualidad. Entonces sentí que eso de las 16.20 (mi hija saliendo del colegio, yo sin llegar) ya había sucedido.

Triple estado Teofísico:
1) algunas cosas están para cruzar los dedos o hacer cuernitos, otras para invocar a Dios
2) Leído en la vidriera de un taller de enmarcado de Villa Crespo: "Hicimos un trato con Dios: el no hace marcos, nosotros no hacemos milagros".
3) Carlos Casares: En la cara de seis tías vi otra vez, con ligeras variaciones, a mi vieja.
05 de octubre a las 14:35

Jardín de Griseldas: Entusiasmados, Cata, mi hija de 9 y yo jugábamos esta noche a los jardineros en casa. De pronto se cortó la luz. Después de prender velas y deliberar, decidimos dormir un rato antes de ir a cenar. En la cama Catalina me abrazó y dijo: "¿Viste Papá? Dios no nos quiere contentos".
N del R: "Dios no nos quiere contentos" es una novela de Griselda Gambaro que tengo muy a la vista en mi biblioteca.
10 de octubre a las 3:08

Entro al Feisbuk un ratito, empiezo a leer y "Me gusta" lo de acá, y "Me gusta" el de más abajo, y "Me gusta" el que sigue y... (Por eso no puedo hacer zapping).
11 de octubre a las 17:42

Hace más de 500 años vino Colón a enterrarnos. Hoy sacaron a 33. Bien, algo es algo. Pero no nos equivoquemos: no festejemos con aquellos que los enterraron. Exijamos a "Esos" que desentierren a todos los que "enterraron" durante tanto tiempo. A todos. Uno por uno.
13 de octubre

Domingo y una apostilla pesimista y adolorida acerca de la separación conyugal: "En cualquier caso tendrás la mitad de los viejos amigos y, si algún día vuelves a formar pareja, muy probablemente el doble de hijos". 24 de octubre

Mis hijas están conmigo: el transporte en el tercer traste de la guitarra, las camas sin hacer, los platos en la bacha, las dos teles y las dos compus prendidas, el aro de basquet todavía cimbrando en el jardín. La mitad de la botella de tinto. Duermo media hora de siesta feliz: tengo una casa.
30 de octubre

Tres hiperbreves para que tiemble Monterroso:
1) Puse mi Sí en su No, y al cabo de nueve meses nació un Ni.
2) Cuando desperté Ella todavía estaba ahí.
3) Ayer empecé a escribir un cuento y justo tocaron el tim...
30 de octubre a las 1:20

Con todo respeto: Ahora que están empezando a devolver los premios Clarín, ¿no deberíamos exigir que Andahazi y Aguinis vomiten todo lo que comieron en lo de Mirta Legrand?
4 de noviembre

La RAE es como esos tipos que, como dice mi amigo A.R. que dice A.C., "tienen dos problemas para cada solución".
6 de noviembre

Aforrismos a la hora del mate: "En el país de los feos, el ciego es Rey".
9 de noviembre

Anoto cinco trámites en la agenda. Me la olvido en el auto. Hago los cinco trámites de memoria. Vuelvo al auto, tildo uno por uno. No falta nada. De pronto, presiento: aquello que tengo verdaderamente que hacer, no está escrito.
19 de noviembre. 11:30

lunes, 1 de noviembre de 2010

El poema como acontecimiento


Un fragmento de un reportaje de La revista La Guacha a Joaquín Giannuzzi en 1999.

(...)

En su caso hay una constante: la crudeza de los finales donde los poemas se resuelven, con una visión crítica.
Es cerrar el poema. No me gusta la imprecisión en el desarrollo del poema, debe haber cierta coherencia entre las partes. De hecho se pueden hacer poemas deconstruidos, donde el sentido aparece errático, en un extremo del poema, después se suspende, luego se descubre al final. Lo mío es una especie no de reflexión, porque no es un pensamiento visible. Este debe estar diluido en la imagen. Creo que hay que suscitar el pensamiento en el lector. (…) A mí me gustan los finales que cierran no diría con una reflexión sino con una visión del mundo, dando la sensación de un todo acabado. Pero supongo que un poema no debe terminar nunca. Gombrowicz habla de la necesidad de lo inacabado de lo imperfecto, como uno de los objetivos del hombre. Pero más que un cierre, diría que al final de mis poemas hay una resolución.

Esos finales ¿no engañan la ilusión del poema descriptivo, no la contradicen?
Sí pero yo no busco en ese caso la descripción. A mí me funciona esa visión dentro del poema, así que no puedo hacer nada.

¿Y por qué son pesimistas en general, esos finales? Una decisión de no ahorrarle nada al lector.
No quiero simplificar. Desde mi punto de vista diría que soy un pesimista jovial, en todo caso, no solemne. Eso proviene de mi temperamento, de mi visión de la condición humana. Y todos sabemos el espanto que nos ha tocado vivir. La realidad de la época a mí me impregna, en mis poemas aparece mucho la época, la palabra misma incluso. Todo poema revela un poco el drama de la época. Incluso en aquellos donde el tema parece intemporal. Llevo la impronta de una infancia carenciada. No me quejo pero eso me hizo un resentido; se me negaron oportunidades. Tengo una cultura periodística, un poco fragmentaria. Aunque esa carencia pudo haber operado como estímulo, pero no fue así.
(…)

El poema es una especie de equilibrio entre varios elementos ¿no?
Un poema es una especie de acto sinfónico. Personalmente corrijo mucho. Es raro que un poema salga de un tirón. Si el poema necesita mejorarse y uno vuelve y vuelve sobre él, es porque está fracasado. Hay que sumergirse en un mundo de particularidades, apoyarse en las cosas, y hablar como si la palabra estuviera en un estado más cercano a la cosa nombrada, como si se obtuviera una palabra en estado naciente, es decir, un lenguaje originario. Hay que escuchar las cosas, sólo así el poema puede ser un acontecimiento y no el registro de un acontecimiento. La abstracción, como la inteligencia, lo discursivo, puede matar el poema, si no se la pone en función de la forma. Noto un poco en la poesía actual la despreocupación por la forma y el rigor. Todo poema tiene que ser una lección de rigor.

Esa falta de rigor ¿es producto de un postulado estético o simple ignorancia?
Yo hablo de una despreocupación por la forma. Hay poemas que aparecen muy embrollados. Parten de una poca claridad de visión que se traduce en una poca claridad expresiva. Por eso se incurre a menudo en el solipsismo. Pero ese no es un rasgo general en el panorama de la poesía joven.

Siempre hace ese juego. Primero tira el juicio y después se matiza, o mitiga el efecto de lo que dice.
Lo que quiero decir es que no cumplo con mi preceptiva personal. Mi obra desmiente un poco los ideales de mi poética. Y eso quiere decir que por más que me empeño no lo consigo. Tiene que ver con los mecanismos secretos de todo acto creador. Quién puede saber los resortes secretos que se movilizan allí.

¿La deficiencia no está en la herramienta?
Pero justamente, el genio poético consiste en saber manejar la herramienta o manejar la herramienta adecuada. Creo que a algunos de mis poemas, les falta el elemento que es la. extrañeza, una atmósfera, un clima. Mucho del pánico ante la página en blanco proviene de que uno se encuentra ante el drama de la expresión, de quedarse a solas con el lenguaje. Estoy ahogándome en un pantano de millones de palabras que están a mi disposición y frente a alas cuales debo ejercer mi libertad de optar. Tengo el temor de naufragar en ese mar, que no es precisamente el mar de Leopardi. Y debo elegir entre las palabras. Eso me produce una especie de terror que puede ser el terror a la libertad absoluta, el no saber qué hacer con ella.


¿Cómo ha sido su experiencia personal con la historia?

Fui periodista durante muchos años, y me tocó vivir en el corazón llameante de esta época como testigo directo de golpes de estado, revoluciones, huelgas generales, asesinatos, hasta que se llega al horror de los 70. Compartí utopías, que no perdí, aunque las mantengo por desesperación. Tengo expectativas, porque creo que a lucha va a seguir, no me refiero sólo a la lucha de clases, aunque está siempre implícita en cualquier poesía.

¿La lucha de quiénes contra quiénes?
Por supuesto, los pobres contra los ricos; los ricos contra los pobres. Para hablar en términos crudos y primarios. Es obvio que este combate llega desde el fondo de la historia. Es un drama creciente que abarca eras incalculables. Me tocó ver la historia en su mayor horror y violencia. Algo de eso impregnó algunos de mis poemas. En ciertos casos he tratado intencionalmente de registrarlo, la intención de referenciarme en la realidad. A veces elijo una situación emblemática. Un poema de que empieza describiendo el hecho de que a altas horas de la noche tocan el timbre a la casa de uno. Aparte de sentirse vagamente culpable, si a esa hora suena el timbre es porque la policía está detrás de la puerta. La palabra policía aparece mucho en mi poesía; por lo demás es notorio su protagonismo en las calles de nuestro tiempo.

“Tiroteo en la noche” es un poema bastante explícito.
Sí, la violencia, la represión. Siembre hay una bala que lo está buscando a uno. Hay referencias demasiado explícitas en ese poema. La otra pregunta es si ese horror debe entrar en la poesía. La narrativa le ha dado bastante lugar, pero en poesía no lo veo tanto. Habría que evitar el alegato o el panfleto, aunque de hecho puede haber panfletos geniales. Otro es el caso de Paul Celan, que expresa un estremecimiento como testigo del horror, un poeta de los puros, hermético, terrible. Como su vida, su suicidio.
(…)

En los narradores argentinos, el periodismo ha ejercido una gran influencia. Es usted poeta, ¿cómo influyó esa profesión?
Creo que de ninguna manera. Me he pasado la vida frente a la máquina de escribir, pero el periodismo es ajeno al ejercicio poético. Diría que el periodismo mira, la poesía ve. Claro que esta es una observación simplificadora y superficial. Creo que pudo haber influido en las frases lineales y ciertas temáticas obsesivas como los accidentes, que me preocupan menos en sí mismos que por el azar, las maniobras del destino. Ahora, hay páginas periodísticas que son bellas. Y esa también es la finalidad última del poema.

¿La belleza?
Por supuesto. Además como una puerta posible para acceder a un conocimiento superior. Quizás impulse a instalar una fe en lo desconocido.
(…)

¿Se ha tenido que privar de escribir?
He atravesado experiencias terrible en lo personal. Necesito para escribir cierta paz espiritual, si tengo una preocupación aunque sea mínima, me paralizo. No coincido con la idea de que se escribe desde el dolor, que a lo mejor está ahí, callado pero obrando. Esas experiencias terribles han enriquecido mi espíritu pero no sé si han mejorado mi literatura. También es un lugar común decir que se parte de la experiencia. Pero ocurre que hay diversos niveles de experiencia. La experiencia del mundo, de lo histórico, es diferente a la experiencia que uno moviliza en su interior. A lo mejor desde el encierro en una habitación oscura, sin tener contacto con la realidad sensible del exterior, puede brotar la poesía. A la larga, uno siempre se queda a solas con el lenguaje.


¿Y cuándo empezó a pulir esas influencias y tener un estilo, tonos, o acentos propios?

Yo creo que no tengo tal acento propio. Algunos creen ver alguna personalidad pero me considero, como dije muchas veces, un poeta standard.

Eso es falsa modestia.
Parece una pose, ¿no? Pero a mi edad me niego el derecho de equivocarme respecto a mis juicios sobre mis propios poemas. Es una especie de cortesía para con los demás. No me considero un poeta importante, eso es todo.

¿Y a qué adjudica entonces su influencia?
Eso es una cosa que no puedo entender. Allí debe haber un malentendido grueso. Yo no lo advierto. No creo tener esa influencia. ¿Qué me contás entonces de la influencia que ejerció Pizarnik? Todavía hay vestigios. Y Gelman, Madariaga, Lamborghini, Biagioni, Alonso, tienen sus seguidores. ¿Pero se nota mi influencia en la poesía que hacen algunos jóvenes? No lo noto para nada.

Ese es otro problema. ¿No pretenderá que se lo imite descaradamente? Se trata de buscar la propia voz.
Bueno, pero entonces ¿dónde está la influencia?

Tal vez a nivel de lectura y no de escritura.
Y tener un referente ahí. Todos lo hemos tenido.

¿Le molesta que lo referencien de esa manera?
No, halaga mi vanidad si me queda alguna.

¿O le desagrada la calidad de las poéticas de los que lo reconocen como influencia?
Yo no creo que se esté escribiendo mal. Actualmente se está haciendo una poesía de tonos diversos, de gran variedad de registros: realismo delirante muy violentado, la irreverencia, crisis de erotismo, desarticulación. También alguna poética agonizante que parte de los signos y no de la existencia, con palabras típicamente abstractas e incoloras, ajenas al regodeo inmediato de las cosas. Pero se advierte también la presencia de lo cotidiano y un lenguaje coloquial de rica inventiva.
(…)

¿Qué debate le queda a la poesía argentina?
Le quedan todos los debates, incluso en un universo en bancarrota. Aclaro que termino esta entrevista, fatigado no por ustedes, ni por la poesía, sino por las reflexiones acerca de la poesía. Estuve en estado de alerta todo el tiempo, pues vivo en situación de duda. Hasta diría de culpa y castigos que inflijo a la poesía. Por lo demás, pido disculpas por las incoherencias de mis respuestas. //

Fuente: La guacha, Año 2 No. 9