sábado, 11 de octubre de 2008

Nene ponéte la camisetita

(inédito de walter iannelli)

Si te vas a leer poesía, Nene
ponete la camisetita.
La poesía es fría Nene.
Ya sé que dicen que calienta el alma
pero qué alma Nene en la parada del colectivo
este invierno a las cinco de la mañana.
Ponete la camisetita Nene.
¿Y los guantes?
Cuidate de los versos que cortan
cuidate Nene de esas palomas
de la luna
del viento
del poniente Nene que se desangra sobre las
casas como una marea escarlata.
Nene: ¿No pensaste en la bufanda?
Ya van a venir a soplarte hielo al cuello
a afilar la palabrita
retorcerla como si fuera tu cogote.
Sabés cómo son esos tipos Nene.
Te dan la mano, te aplauden y después
te mandan de vuelta con el estómago vacío.
Y no me comiste nada antes de irte.
Ahí te dejé el guiso de papas y arvejas.
Si al menos te llevaras el anorak de tu difunto padre
o el sobretodo. Pero te vas sin darme un beso
Nene.
Cuántas veces te dije que tenés que encaminarte.
Estudiar abogacía, conseguir una novia que al menos
los domingos no esté borracha.
Pero Nene, vos andás con esos que viven del aire
revoleando las letras.
¿Dónde viste el fulgor del cosmos infinito?
¿Desde cuándo el fuego es una llamarada impúber?
Decime Nene, no te vayas todavía.
Te hubieras puesto los zapatos con suela de goma
a ver si tanta imantación, si tanto voltaje te electrocutan.
Pero Nene: ¿No viste que estoy sola?
¿Que mamá te necesita más que todo el diccionario?
¿Que ninguno de la academia o de la SADE te va a tapar de noche?
Podemos jugar Buraco, terminarnos el strudel
ver sábados continuados al lado de la estufita de cuarzo.
¿Para qué el doble sentido
la metáfora
la sinécdoque
la metonimia, Nene
si me volvés con un resfrío?
Para qué la paradoja, Nene, el verso libre
La aliteración, la elipsis.
¿De qué sirve la otredad
o el misterio de la muerte?
Si es todo tan simple como que te vas desnudo
porque vivís una realidad hecha en pedazos.
¿A eso le llaman poesía?
Vení, Nene
que mamá te hace una sopa con galletitas Manón
en el té con leche.
No seas tonto
el mundo debería ser chico
el mundo no se conquista agrandándolo de sentido
ni doblándolo, ni pegándolo
ni siquiera tratando de romperlo.
El mundo es, mirá vos Nene lo que te digo,
el mundo es como el cajoncito de tu ropero.
Así, cuadrado, en el fondo de una habitación
en tu propia casa, con todo lo que hace falta.
Vení Nene, que ahí está tu camisetita nueva.
Mirá qué linda.
Se la compré a Don Samuel en dos cuotas.
Ponétela Nene.
No quiero que tomes frío.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

duro como tu esperanza, como tu utopia que no fue al monte si no a la selva, enredaderas de tus locuras y caæamo que no vuela, es eso y es la finura de lo chato que se desdobla en tus ojos que ya no resisten,
mueren,
marchitan,
y luego escapan,
a mas de lo mismo,
al otrora que nunca llega por que nunca vuelve y ves, que en definitiva el sol te resfriega parpados y viseras y.

Anónimo dijo...

Me gustó. De verdad me gustó. Capaz que me impactó también.
Susana Lizzi

Natalia Petronacci/ Natalia Perz dijo...

GUAU! ME DEJASTE MUDA...
NOS VEMOS EL SÁB. EN LA PRESENTACIÓN DE METANO. NATI.

Anónimo dijo...

Estaba leyendo en POEMANÍA 204, de Pieo de Viccari, y me genera diversos afectos ese pseudodiálogo o monólogo de la madre en NENE PONETE LA CAMISETITA, porque es como una madre-manta-mortaja obsesivamente centrada en abrigar al hijo, en que no salga, que se quede en ese mundo ataúd que le ofrece, pero que en su entramado deja ver más allá de la oscura relación madre-hijo, filtrando un poco ( o un toco) la relación poeta-ámbito donde el nene va a leer poesía. La madre no puede salvarlo de los versos que cortan
Nene ponéte la camisetita del poniente que se desangra sobre las casas como una marea escarlata.
Oficio desabrigante la poesía, ejercicio que despoja el cuerpo del nene, que no le da de comer seguridad
Ya van a venir a soplarte hielo al cuello / a afilar la palabrita / retorcerla como si fuera tu cogote.
Madre comé abrigate quedate asfixiate abrumate acá no me salgas. Conseguite una novia que los domingos no esté borracha
Que ninguno de la academia o de la SADE te va a tapar de noche?
¿De qué sirve la otredad / o el misterio de la muerte?
Si es todo tan simple como que te vas desnudo / porque vivís una realidad hecha en pedazos.
¿A eso le llaman poesía?

Al poner en boca de la madre el interrogante lírico, el cuestionar o arte poética que el nene se hace no como hijo sino como autor, me parece un desdoblamieno eficaz que dinamiza el discurso cantinela crónica de la madre. Justamente la poesía y desde la poesía ese experimentar la otredad o el misterio de la muerte son signos de que el hijo no pertenece entera y absolutamente a la madre sino que puede sentirse otro y hasta tendrá una vida y una muerte propias más allá de la madre.A mi me parece que el poeta crece para decir no sólo lo que no puede o no quiere decir la madre, sino que hasta puede decir lo que otros miembros de la familia y de la sociedad no pueden y no quieren decir ni que se diga. Que lo real está más allá de la realidad, que la vida está en otra parte,

que una novia que no se emborrache nunca puede ser peor que la muerte. El poeta no es poeta a los ojos de la madre sino el -mi- nene, y un nene tonto si no le hace caso, si no le come a ella. Crecer es doloroso para cualquiera, pero si además encima está la madre llorando y pidiendo que no crezca, que no quiera agrandar el mundo o el significado de la palabra

El frío es para la madre también ese odiado y temido lugar adonde fue a parar el cuerpo o ex cuerpo del finado padre del nene.

La madre no puede retener ni al marido ni al hijo. La poesía es una amenaza, un peligro, algo que seguirá creciendo en el hijo y haciéndolo crecer y que la desgarrará en toda la angustia y duelo de la pérdida. Yo también soy poeta y también oigo esa abrumadora voz de mi madre que cuando abro la puerta para salir vomita toda su angustia comeme abrigate no crezcas dejá esa locura de hacer versos, como si la vida pudiera ser otra cosa como si la vida pudiera ser recibirse de abogado y la novia y esa camisita que proteje de tener que ser otro y de tener que vivir y morir. Gracias Walter por ese doloroso poema Rubén Vedovaldi